“Me desbaraté después del parto”: Por esto es importante priorizar en bienestar íntimo

Muchas mujeres creen que el dolor al tener relaciones, los escapes de orina o los cambios íntimos son “normales” después de ser mamá o con la edad, pero no lo son. En Revolución Mental, la Dra. Diana Vélez explica que la salud del piso pélvico no es estética sino calidad de vida, y que tratamientos como el láser y la radiofrecuencia pueden regenerar el tejido, mejorar la lubricación, reducir la incontinencia y devolver una vida sexual plena, incluso después de una histerectomía. Cuidarte es amor propio, y tu zona íntima también merece bienestar.

Existe una creencia silenciosa y dañina entre muchas mujeres: pensar que después de ser mamá, o simplemente con la edad, es “normal” sentir dolor al tener relaciones, tener escapes de orina o ver cambios drásticos en la zona íntima. “Eso es lo que nos tocó”, se dicen muchas.

En el último episodio de Revolución Mental, la Dra. Diana Vélez, ginecóloga experta en regeneración íntima, desmonta este mito. La salud del piso pélvico no es un lujo estético, es una cuestión de calidad de vida y autoestima.

La realidad del “Cuerpo Postparto” que nadie te cuenta

El embarazo es una tormenta hormonal y física. Durante 9 meses, el cuerpo produce relaxina para que las estructuras se abran y den paso a una nueva vida. Pero, ¿qué pasa después? La Dra. Vélez explica que el daño al piso pélvico no ocurre solo en el momento del parto (vaginal o cesárea), sino por el peso acumulado durante la gestación.

“Muchas mujeres sienten que se ‘desbarataron’, que todo quedó abierto o caído. Y antes la medicina solo actuaba cuando ya tenías la vejiga afuera. Hoy la clave es la prevención y la rehabilitación temprana”, señala la especialista.

Tecnología que repara: Láser y Radiofrecuencia

Olvídate de los ejercicios de Kegel mal hechos. La ginecoestética funcional ha avanzado hacia tecnologías basadas en energía que bioestimulan el tejido. No se trata solo de “apretar”, sino de regenerar el colágeno y la mucosa que se atrofia.

  • Láser de CO2: Ideal para la resequedad y la laxitud superficial. Crea columnas de calor microscópicas que obligan al tejido a repararse, mejorando la lubricación y la sensibilidad.
  • Radiofrecuencia de Segunda Generación: Trabaja a niveles más profundos (músculo y ligamentos). Es indolora y clave para tratar la incontinencia urinaria leve y el dolor en cicatrices (como la de la episiotomía o cesárea).

Histerectomía: ¿El fin de la vida sexual?

Un tema crucial abordado en la entrevista es la vida después de que retiran el útero (histerectomía). El útero no solo sirve para gestar; es una estructura de soporte para la vejiga y el recto. Cuando se retira, es vital fortalecer el piso pélvico para evitar que los otros órganos se “caigan” (prolapsos) al perder su columna de soporte. Además, la Dra. Vélez aclara que la vida sexual no tiene por qué terminar. Con la terapia adecuada, se puede recuperar la plenitud y evitar el dolor por cicatrices internas.

“No tengo pareja, ¿para qué me cuido?”

Este es quizás el mito más grande. La atrofia vaginal (resequedad y adelgazamiento de las paredes) ocurre por falta de estrógenos y también por falta de uso. La doctora es contundente: “La vagina que no se usa, se atrofia”. Ya sea con pareja o con juguetes sexuales, mantener la irrigación sanguínea en la zona es salud, no promiscuidad. Incluso mujeres de 70 u 80 años consultan no por sexo, sino porque la resequedad les molesta al caminar o sentarse.

Signos de Alerta: ¿Cuándo ir al ginecólogo?

No esperes a que sea insoportable. Debes consultar si:

  1. Sientes dolor recurrente en las relaciones sexuales (dispareunia).
  2. Tienes escapes de orina al reír, toser o saltar.
  3. Notas “ruidos” (gases vaginales) durante la intimidad o atrapamiento de agua después de nadar.
  4. Resequedad persistente por más de 3 meses que no mejora con lubricantes básicos.

Por esto es importante saber que cuidar tu zona íntima es un acto de amor propio. Ya sea por estética (labioplastia, aclaramiento) o por función, tienes derecho a sentirte cómoda en tu propia piel y a disfrutar de tu sexualidad sin dolor ni vergüenza.

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